Se quedó mirando a su amigo, mientras sus últimos destellos azules se perdieron en la oscuridad.”
El duende miró a la ninfa con sus ojos amarillos, muy brillantes.
- Me divierte tu ojo bailarín - le dijo ella…y me encanta su color
- A mi me gustan los tuyos. Son muy grandes y bonitos y también…
Y en ese momento los interrumpió el Gatoazul, que cruzó frente a ellos con su piel reluciente, se encaramó por un viejo nogal, y caminó resuelto hasta su rama favorita.
La luna, como siempre, comenzó a salir con sus destellos platinados, el Gatoazul se sentó sobre su rama. Ella brilló entera y con más fuerza. La silueta de él se recortó completa frente a esa luz; una vez más estiró su hocico para besar a su amada, luego levantó su mirada antigua pero dichosa y entonó el mejor de sus cantos, y la luna lo abrazó con sus alas blancas cubriéndolo completamente.
El duende y la ninfa, observaban ahora tendidos, sobre el pasto fresco, abrazados y en absoluto silencio. |