- Que eres gil gato flojo, sabís perfectamente que en la ciudad no podemos ver la luna.
Eso era verdad, hacían muchos años que por las noches no se veía la luna desde la ciudad; un constante manto café no lo permitía, a lo más solía perfilarse un halo grisáceo amarillento.
Sebastián continuó:
- Es que hay una parte desde donde sí puedes ver la luna - le dijo mientras encorvaba su lomo, estirándose.
El gato gris, que no tenía nombre, ya que era de la calle, lo miró sorprendido:
- ¿Verdad?
- Claro…bueno, yo nunca he ido en todo caso, pero si me han contado
- Remiau Sebastián…, estai como los gatos mentirosos - respondió el gato gris.
- No, si es verdad…, tienes que ir al bosque…, el que queda al sur de la ciudad…, más allá de las casas viejas - Terminó de decir Sebastián, quien se bajó de un brinco para dirigirse a la casa de enfrente; Pelusa había salido a peinarse al ventanal.
El gato gris lo miró alejarse pensativo. |